lunes, 8 de junio de 2015

Cronica de una Final

3.45, no hay nadie en la calle, voy saliendo del supermercado después de comprar vituperios. Dentro solo esta el personal, todos con caras afligidas. No todos, las mujeres estaban con la misma monótona cara de siempre. Pero los hombres eran la representación viva del desprecio al trabajo, decepción absoluta y con dientes apretados, recibiendo notificaciones cada 3 minutos, viendo cuanto falta para el partido, formaciones, noticias y posibles tácticas. A veces, hay dinero de por medio, pero lo realmente importante no es la cifra, sino el orgullo.

3.47, voy llegando donde Javier, escucho la radio porque el partido ya comenzó, no hay nada claro aun, 92.7 no tiene buena señal, y no encuentro la otra radio. Escucho un ruido vago mientras atravieso el asfalto como un bólido.

3.51, entro a la casa, saludando de pasada a la mamá de Javier, que me tiene mucho cariño. Yo a ella también, pero el fútbol es fútbol, y la Champions es la Champions. Bajo rápidamente para encontrar caras largas, tristes, confundidas. Gol de Rakitic en el minuto cuatro. Andres dice que fue en el minuto tres, porque aun no terminaba el tercer minuto. Todos le decimos que no funciona así. Es difícil explicar matematicas con la mirada vacía en un televisor que se llevo todas tus esperanzas. Yo no estaba escuchando. Vi la repetición del gol, y Buffon no tenía nada que hacer, pase cruzando el área para encontrar a Rakitic solo. Jugando FIFA, ese gol es considerado ratón, y merece el repudio y exilio de quien lo mete, pero el fútbol de verdad no funciona así.

4.40, fin del primer tiempo, tomamos las latas y botellas vacías y limpiamos un poco. Tomo mi gorro, mi cerveza y subo ensimismado. Vidal no está jugando bien, Pirlo no aparece y Pogba esta marcado. Tevez no existe. Arriba hay una carne semi cocida, la cual procedo a atacar sin piedad. Subo mi cerveza, y es la única que tomare en todo el día porque estoy manejando, pero ya esta tibia y sabe a gol en contra. Conversamos un poco, compartimos visiones de los sucesos, y llegado el minuto, bajamos nuevamente a la cueva, a castigarnos viendo un partido que parecía sentenciado. Hombres de poca fe.

4.57, inicia el segundo tiempo, y no tengo la menor idea de que es lo que pueda pasar. Espero con ansias que den vuelta el resultado. Tengo puesta la polera de Pirlo, la mágica 21, al igual que tengo puesta toda la fe en el.

5.06, pase al centro del área, Tevez aguanta el dominio de la pelota y, en un movimiento, gira y golpea un misil al arco. Gran reacción del alemán Ter Stegen, pero dio rebote. Morata no perdona, y todos saltamos al unísono. Gritos de alivio, de felicidad, hablamos de Morata, de como Florentino debe estar arrepentido. Caigo de espalda sobre el sofá, pero ahora es más suave, y la misma cerveza del primer tiempo ahora sabe a gloria. No estoy en la cancha, pero transpiro, aguanto la respiración en cada contra, se dilatan mis pupilas con cada paradon de Buffon. Se me pone la piel de gallina al escuchar los cánticos bianconeros, que saltaban de alegría. Aún quedaban 35 minutos de carnicería.

5.20, Gol de Suarez. La concha de tu madre, gol de Suarez. Si Evra hubiera sido más rápido o más grande, tal vez no era gol. Buffon hizo lo que pudo, era un disparo a quemarropa. Tapo el primer tiro de Messi, pero no tenía nada que hacer contra el de Suarez. Y si no era el uruguayo, era Rakitic. No había nada que hacer.

De aquí en adelante todo fue tristeza, sobresaltos con cada tiro, enojo con cada error, desesperación y fe en que lo dábamos vuelta. Pero llego el minuto 80 y nada, llego el 90 y nada.

5.42, tiro libre para la juventus en la mitad de cancha, suben todos menos Buffon. Como explicar que, literalmente, todas las esperanzas, todo el esfuerzo realizado se concentraba en ese tiro libre. Fase de grupos, octavos, cuartos y semis, todo en ese tiro libre. La pelota cae suavemente en el área blaugrana, para ser rechazada por la defensa culé, recibida por el tridente ofensivo del Barcelona. Cuento corto, queda Neymar mano a mano con Buffon, que, mientras el brasileño se acomodaba, el italiano corría desesperado para cubrir el balón con su humanidad. Todos los esfuerzos fueron estériles, irrelevantes. Gol de Neymar, pitido final.

5.45, inician las celebraciones del Barça. Me levanto del sofá con la cara en el suelo y sintiendo que la camiseta del equipo italiano pesaba más ese día que cualquier otro. La polera bianconeri ya no se veía tan bonita, el escudo estaba con hilachas, un poco chueco. Ya no quedaba cerveza, y menos mal, ya que hubiera tenido sabor a tierra. Vi la imagen de Pirlo, el hombre al que nada lo impresiona, aquel ser humano que no demostraba otra emoción que la tranquilidad, hoy lloraba, y dejaba caer lagrimas de hombre en el pasto de Berlín. Mientras Pique sacaba la red de su arco, Vidal se lamentaba en el banquillo, Allegri estaba triste y dejo caer su característica sonrisa. Vi a Bravo levantar la copa, y eso me animo un poco. 

Subi arrastrando los pies por la escalera, y conversamos de el partido que teníamos que jugar en la noche, yo era nuevo en el equipo, pero según entiendo es un clásico. No podemos perder dos partidos seguidos

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio